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1.- Sin lugar donde esconderse.

   

La grieta en la calle crecía y se desplazaba sobre la superficie como una víbora caprichosa. El asfalto derretido, ya producía burbujas e imposibilitaba la circulación de los autos que quedaban pegados a la calle, mientras sus cubiertas también reventaban y se fundían con el asfalto.

Toda la calle se movía como si un gigante se despertara de un largo sueño desperezándose bajo de ella, quebrándola y formando pliegues y montículos. Las veredas seguían este alucinante movimiento y cantidad de hidrantes reventaban dejando escapar su sangre cristalina, que al entrar en contacto con el suelo producía un vapor que enturbiaba el ambiente.

La gente corría de aquí para allá sin rumbo cierto, sin encontrar un lugar seguro donde refugiarse. Iban todos en grupos, sin separarse. Algunos cargaban a los niños más chicos y los protegían del agua y el calor con sus propios cuerpos. Salían corriendo de sus casas sin más que lo que llevaban puesto. El lugar que fuera su refugio natural desde siempre era ahora el lugar que representaba mayor peligro.

Al igual que las calles todo el suelo se movía y este movimiento se trasladaba a los cimientos de las casas que también se bamboleaban con peligro de derrumbe. Algunas, yacían ya en el piso.

 

Parecía un terremoto…, y uno bien grande, aunque jamás se había visto uno en esta parte del globo terráqueo. ¡Ojalá lo hubiera sido! Porque los terremotos, por más fuerte que fueran, en algún momento terminan, acaban. Dejando tras de sí un escenario de destrucción y muerte, es cierto, pero llegan a su fin.

Este fenómeno de la naturaleza jamás se había vivido en nuestro mundo desde su nacimiento, hace más de diez mil millones de años y no tenía miras de terminar. Más bien se mostraba empecinado en destruirlo…

 

El sol parecía estar en ebullición, como con una actividad descontrolada y por momento parecía hacerse más grande y su luminosidad más brillante. Imposible mirarlo directamente ni con filtros especiales… El sol, increíblemente, parecía que se estaba prendiendo fuego.

Miles, millones de insectos salían a la superficie, dejando sus cuevas, en busca de un lugar seguro provocando una estampida en miniatura. Gusanos, hormigas, ciempiés, cascarudos, babosas y otros bichos se desplazaban de aquí para allá buscando algo que no encontrarían

Las aves y los animales domésticos también vagaban sin rumbo. Los pájaros caían del cielo cansados y abatidos por el gran calor. Los perros echados y gimiendo de miedo…

Las hojas de los árboles se secaban como en cámara rápida y comenzaban a prenderse fuego. Incluso los techos de algunas de las antiguas casa del Prado, de madera, entraban también en combustión espontánea a causa del gran calor.

Ahora había focos de fuego desparramados por todos lados, grandes focos de fuego. El humo se mezclaba con el vapor de agua creando una atmósfera pesada y tóxica donde se hacía muy difícil respirar.

La visibilidad se hacía a cada minuto menor, apenas se alcanzaba a ver a unos treinta metros.

¡Y el ruido…! El crepitar de las llamas se mezclaba con el ruido del agua de los hidrantes fluyendo con fuerza, las alarmas de los hogares y vehículos que sonaban desbocadas, los gritos de desesperación y terror de la gente y el rugido de dolor de la tierra quebrándose.

¡Y el olor!, nauseabundo y repulsivo. De algunas de las innumerables grietas que se abrían en el suelo reseco, emergían aguas servidas apestosas y hediondas… Parecía que la tierra le estaba devolviendo al hombre el producto de cientos de años de contaminación.

 

La gente ya no corría. No había para donde, y a causa de la escasa visibilidad corrían el riesgo de caer dentro de las enormes grietas que se abrían en la tierra. Además, ¿adonde irían? No existe un lugar en el mundo que pudiera protegerlos de esto… Entonces, se apiñaban resignados en pequeños grupos, abrazándose y brindándose valor y consuelo.

 

Todo el barrio estaba igual, toda la ciudad presentaba el mismo paisaje y el resto del país no estaba ajeno a este terrible fenómeno. Y si alguien hubiera estado mirando la tierra desde el espacio hubiera visto que todo el mundo estaba igual…, la tierra parecía que se estaba quebrando en mil pedazos...

 

Solo una casa se mantenía de pie en medio de toda este pandemonium apocalíptico… una casa mágica: la casa de los abuelos. La casa de Papo y Nani. Ésta se movía como una gelatina y por momentos amagaba que se iba a derrumbar pero luego se acomodaba con un gran esfuerzo. La casa mágica del Prado estaba dando lucha, cumpliendo con su objetivo fundacional: cuidar a sus ocupantes, a su querida familia. Pero no iba a aguantar mucho más, poco a poco algunos pedazos de mampostería se desprendían y caían al suelo. De repente, una lengua de fuego logró conquistar el techo y trató de extenderse por él… pero una especie de mano semitransparente salió por la chimenea y golpeó el fuego apagándolo. La casa se defendía... Otra lengua de fuego apareció por otro lado…, y luego otra…, y otra. La mano mágica intentaba apagarlas a todas pero eran cada vez más. La fuerza de la naturaleza parecía imponerse. Siempre lo hace, siempre lo logra…, no es un enemigo que alguien quisiera tener.

  

-¡Corran! ¡Por aquí! –Se escuchó gritar, mientras dentro de la casa también se estaban desprendiendo pedazos de pared y cielorraso que caían al suelo provocando fuertes estruendos. Las grandes armaduras de hierro protegían al grupo, cuando éste pasaba a su lado, sosteniendo las paredes y evitando, con sus escudos, que los proyectiles los golpeasen -. ¡Rápido, todos para abajo!

El grupo bajaba corriendo por las escaleras. Eran tres niños, una mujer y un hombre.

 

-¡Al recinto, todos al recinto! –gritó Jazmín que venía dirigiendo al grupo. Atrás la seguían sus tres hijos: Lucía, Tomás y Santiago. Papo corría detrás del grupo cerrando la marcha.

Corrían desesperados, como si los siguieran mil demonios…Venían corriendo cuando un gran pedazo de cielorraso se desprendió del techo. Se escucho un grito de alerta que pareció salir de las paredes de la casa: ¡cuidado! Pero no llegó a tiempo y Jazmín cayó aplastada por los grandes pedazos de revoque.

 

-¡Mamá! –gritó Luli que venía tras de ella.

-¡Es..., estoy bien! ¡No se detengan!

-¡Espera te sacaremos! –dijo Tomi en cuanto llegó al lugar.

-¡No, no hay tiempo! Deben seguir..., tienen que llegar al recinto –contestó la madre de los chicos.

-¡No mamá, no te dejaremos! –gritó Santi.

-¡Papo, lléveselos! ¡Tienen que seguir, tienen que usar los portales! –insistió la mujer.

-Vamos, chicos. Su madre tiene razón. La ayudaremos mejor si logramos llegar al recinto… -dijo el abuelo.

Corraaaan! –gritó Jazmín.

No! Yo me quedo. Mami no se va a quedar sola en este momento. ¡Sigan ustedes! –dijo Santiago.- Luli…

-¿Si, Santi?

-Llévale esto. Dáselo cuando lo veas… Sé que me va a gustar –y el niño sacó un pequeño paquete de su mochila y se lo dio a su hermana. Luego se sentó al lado de su madre y la abrazó con fuerza. Apoyó la cabeza de Jazmín en su regazo y los dos se prepararon para lo peor.

 

La carrera se reinició luego de que los otros dos niños se despidieran de Jazz y Santi. Papo tuvo que sacarlos a los empujones para poder separarlos.

Pasaron por conocidos corredores y cruzaron cuartos que en otro momento les habrían revivido felices recuerdos de cosas que les sucedieron en aquella magnífica y mágica casona. Esta vez, al contrario de lo que les pasara a los chicos cuando llegaron a la casa, el camino al recinto parecía hacerse más corto y rápido. Ésta vez la casa los ayudaba a llegar a su destino.

Ahora Tomi llevaba la delantera. Papo los seguía como podía. Si bien conservaba una agilidad asombrosa, no se podía comparar con la de los chicos.

De repente delante de Tomi la casa se quebró en dos abriéndose en una gran grieta que parecía llegar hasta el centro mismo de la tierra. Un grito desgarrador se dejó sentir, la casa parecía manifestar dolor, como si fuera un organismo viviente. Una nube de gas caliente salió de la grieta entorpeciendo la visión del niño que no tuvo tiempo de detenerse en su alocada carrera y cayó dentro…, al vacío…

 

-¡Tomiiii! –grito su hermana al verlo ser tragado por el piso. Se arrimó al borde de la grieta y miró hacia abajo. Allí lo vio, unos tres metros más abajo. Su hermano había logrado asirse a un cable de electricidad y colgaba de éste.

-¡No te muevas, vamos a rescatarte! –dijo la niña.

-¡Nooo..., no lo hagan! ¡No deben perder tiempo! Tienen que llegar al recinto… –gritó el niño.

-¡No te dejaremos!

-¡Luli, por favor! Escúchame y no me interrumpas. Debes de seguir con Papo y llegar al Recinto. No puedes perder ni un solo minuto, si no consigues entrar al portal, todo estará perdido... ¡Será el fin del mundo!

-¡Tomi, por favor! No puedo dejarte aquí… ¡No voy a dejarte aquí! -sollozó la niña.

-¡Luli, sálvate y sálvanos! –y se soltó del cable dejándose caer al vacío.

-¡Noooooooo, Tomiiiiiiiiiiiiiiiii...!

Luli vio como su hermano se soltaba del cable y sin emitir sonido, con una sonrisa triste en sus labios, se precipitaba al abismo alejándose de ella.

-¡Vamos Luli! Tenemos que seguir. Tomi se sacrificó para que nosotros podamos llegar. Que su sacrificio no sea en vano –le dijo Papo mientras la tomaba por los hombros y la obligaba a levantarse. La niña tenía su hermosa carita bañada en lágrimas…, en menos de unos minutos había perdido a toda su familia. Pero debía seguir, debía de ser fuerte. Existía una esperanza y debía hacer todo lo posible por tomarla. Y además, aún estaba Papo con ella.

 

Finalmente llegaron al Recinto. Éste estaba sufriendo también los efectos de este terrible fenómeno natural. La cúpula a pesar del momento de destrucción no mostraba signos especiales, el color de la misma tiraba más bien al celeste, pero ellos en ese momento no pudieron detenerse a analizar ese detalle.

Papo se dirigió a Rumbos, el fantástico artefacto que permitía viajar a través de los portales en el tiempo y el espacio. De un salto se instaló en el centro y comenzó a marcar unas coordenadas…

La luz comenzó a concentrarse en el centro de la cúpula y bajó bañándolo a Papo. Luego unos rayos salieron hacia los distintos portales… Uno de ellos comenzó a abrirse… De repente un sacudón de la tierra pareció cortar esta mágica luz, provocando una fisura enorme en la roca de cristal de la cúpula y el portal detuvo su apertura. "¡Por favor, no!", se le escuchó decir al abuelo. Como si se hubiese tratado de un corte de luz y de repente se restableciera el servicio eléctrico, aparecieron nuevamente los rayos de luz y el portal se abrió por completo…

 

-¡Vamos, Papo! ¡Rápido, ven! El portal ya se ha abierto… -gritó Luli.

-¡Allí voy! –contestó.

Antes de que pudiera salir de Rumbos un pedazo de la gran cúpula de roca-cristal se desprendió y cayó sobre el abuelo que sólo atinó a agacharse para protegerse. El gran pedazo de roca cayó sobre el artefacto mágico atrapando a Papo en el círculo interior del mismo.

 

-¡Papoooo! –gritó Lucía mientras corría hacia Rumbos.

-Aquí estoy, Luli. Dentro de la anilla central.

-¿Estás bien?

-Ssss…, sí…, creo que sí –contestó éste. –Pero quedé atrapado dentro de Rumbos y no puedo mover esta roca.

-Espera que te ayudo –dijo la niña.

-¡No, no lo hagas! Luli…, este lugar se está derrumbando y el portal se está cerrando. En segundos toda la cúpula se podría venir abajo. ¡No tenemos tiempo, chiquita! Tienes que seguir sola. Ahora tú eres nuestra única esperanza…

-Pero Papo…

-Por favor, pequeña. Hazlo... Entra en el portal… ¡sálvate y sálvanos!

 

Seis habían partido con una misión especial…, una misión de la cual dependía el futuro del mundo y la humanidad toda. Cinco quedaron por el camino… Cinco que entregaron sus vidas para que al menos uno consiguiese alcanzar el objetivo: usar los portales…

Lo habían logrado, al menos una lo había alcanzado y ahora todo dependía de ella.

  

La niña entró en el portal y mientras las grandes puertas se cerraban alcanzó a ver, entre las lágrimas, cómo la cúpula de cristal de roca del Recinto estallaba en miles de pedazos y todo se derrumbaba sobre su abuelo…

   2.- Un día de Luli en el cole   

Era un día deslumbrante, el sol ya se levantaba más temprano y los chicos llegaban al colegio casi a pleno día. Era el primer día de la primavera, y no podía ser más auspicioso: el cielo estaba limpio y claro y a pesar de que era temprano ya se sentía que iba a hacer calor. La felicidad por la llegada de la estación de las flores parecía invadirlo todo. La gente parecía más contenta y tolerante, los pajarillos parecían cantar con más fuerza y la naturaleza toda parecía festejar la llegada de su momento.

Luli se despidió de sus hermanos al pasar por el edificio de primaria y al llegar al suyo dejó la bicicleta en el bicicletero.

-¡Luli, Luli!

La niña se dio vuelta al sentir que la llamaban. Una de sus nuevas amigas corría hacia ella. Se trataba de Andrea, una chica muy simpática, como dicen los chicos. Eso significaba que no era muy linda y entonces no le quedaba más remedio que ser simpática, y Andrea lo era. Era una niña gordita, bastante gordita. De pelo lacio castaño cortado a la altura de los hombros, llevaba siempre puesta una bincha. De cara regordeta y cachetes mofletudos era el blanco de todas las chanzas de sus compañeros. Ella ya estaba acostumbrada y no les prestaba demasiada atención, por el contrario, le gustaba prenderse a las bromas y se divertía mucho. Por esto era muy querida por la mayoría de sus compañeros.

-Hola Andrea, ¿cómo estás? –la saludó Luli.

-Bien, ¿estudiaste para la prueba de hoy?

-¡Claro! Se acerca el fin del año y el momento de la evaluación final. No se pueden dar ventajas en este momento…

-¡Por favor, Luli! Tú no vas a tener ningún problema, sos una de las mejores de la clase. Vas a pasar de año con muy buenas notas.

-No te creas. Tengo demasiadas faltas cuando escribo y algunos problemas con matemáticas, siempre me costaron mucho los números. Además no quiero sorpresas a fin de año.

- No tienes porqué preocuparte, te irá bárbaro, y además todos los profesores te adoran. Y tengo entendido que no son los únicos…, hay un chico re-divino revoloteándote…

-¡No empieces de nuevo! Ya te dije que es una pavada. No me molestes de vuelta con eso –la cortó Lucía, mientras entraban al colegio y se iban saludando con otros compañeros con los que se cruzaban.

-¡Hay Luli! Primero no le diste bolilla al Diegui que está que se derrite y ahora te haces la desentendida con Ricky que es el "top popiular".

-¡No me hago nada con nadie! No estoy para novietes ni nada por el estilo. Amigos sí, pero nada más. Además no te me hagas la inglesita, que te faltan como diez años de pronunciación.

-¡Es que es tan romántico, la primavera, las flores, los pajarillos cantando, el amoooor…!

-Me parece que te dejan ver demasiados teleteatros en tu casa. A mi me interesan más otras cosas, vivir aventuras alucinantes y peligrosas, visitar otros lugares y conocer otras culturas.

-¡La que ve demasiadas películas sos tú! ¿Dónde vas a conseguir aventuras y todo eso por aquí? –respondió con una pregunta, Andrea. Claro…, ¿cómo podría imaginarse que su amiga Luli era una Andaluin y que ya había vivido aventuras alucinantes y conocido lugares y personajes fabulosos? ¿Cómo podría saber que esa niña, para todos dulce y tierna, unas semanas atrás rescatara junto con sus hermanos a su padre y abuelo de un mundo decadente en el cual estuvieran prisioneros? Ni en sueños podría sospechar que su mejor amiga fuera una de los guardianes de un recinto mágico: el Recinto de las Mil Cuevas, un lugar sobrenatural que la podía transportar a través de sus innumerables cuevas, a cualquier lugar del universo y en cualquier época y donde, además y más importante, estaban ubicados los fantásticos siete portales dimensionales…

Luli cerró los ojos un momento mientras caminaban y recordó como en un flash las increíbles aventuras que habían vivido ella y sus hermanos en los últimos meses: cuando encontraron a Brawnie, el conejo enano, la llegada a la fantástica casona de los abuelos, el descubrimiento del Recinto de las mil cuevas, la pelea con el Metamorcorpus, la recolección de los siete elementos para la poción Antimal y la invasión a Decadunol, una de las tres dimensiones dominadas por el mal, para rescatar a sus seres queridos. ¡Tantos momentos mágicos e inolvidables!

También recordó algunos que le causaron verdadero terror y no pudo evitar sentir un escalofrío recorrerle la espalda: la Arácnodum, las Trakañas, los Rotworoz y tantos seres maléficos que todavía habitaban entre sus recuerdos.

Sin esfuerzo cambió esas terribles imágenes por otras más placenteras y fantásticas, la de otros personajes y criaturas que también conocieran en sus aventuras: Roblente el árbol sabio, Biblodón el bibliotecario de la Alcántora, Goodril el Hormitrón, Huanoc y su abuela, Hormkel el unicornio, Grödall, Güntrell, el Cebraico, los Mansapos y demás compañeros de Decadunol y todos los que, seguramente, conocerían: los Topi-tops, los mineros de Bromodia, los gigantes de barro…

¡Y los fantásticos poderes y armas que habían conseguido! Tomi tenía "el Lucerón", el poder de la luz y la espada "Excalibur". Santi "el Duplicata", el poder de duplicarse, y el arco y el carcaj mágico. Y ella el poder de curar el cuerpo con el Curamor y purificar el alma con el Curalma.

¡Cómo le fascinaba este nuevo mundo que descubrieran! Y sabía que sus dos hermanos sentían de la misma manera…

¡Cuanto deseaba volver a salir de excursión con sus hermanos por las cuevas del recinto…!

 

-Bueno, llegamos a la clase… -la sacó de sus cavilaciones Andrea.

-Si, llegamos. Es hora de la prueba…

-Luli, este…, veras…, yo me rifé algunas “bolillitas”..., unas poquitas nomás. Pero…,¿me podrías soplar si preguntan algo que no se? ¡Porfis! –dijo con cara de desesperación, juntando las manos como si fuese a rezar.

-¡Cómo siempre! ¿Cuándo te fallé? Desde el primer día te sentaste atrás mío y cargo contigo como si fueras una rémora, comiendo de mis sobras.

-¡Sabía que podía contar contigo! Buena amiga. Además funcionamos perfectamente, es realmente como una simbiosis. Tú me ayudas con tus conocimientos y yo te paso todos los chismes del colegio.

-¡Descarada! ¡Cómo si yo los quisiese!

  

Salieron al recreo, el examen había salido muy bien y, por supuesto, Luli le había hecho prácticamente toda la prueba a Andrea. Caminaban por los corredores hacia el patio.

-Bueno, creo que nos fue muy bien en la prueba, ¿no? –dijo Andrea.

-¡Pero si serás careta!, no sabías absolutamente nada. Te tuve que pasar todas las respuestas. ¡Pero es la última vez, te lo juro! Para la próxima prueba vamos a estudiar juntas y sabrás la satisfacción que se siente, al ganarte una buena nota por ti misma.

-¡Pero si me siento muy satisfecha de sacar una buena nota sin haber estudiado!

-¡Si serás! Pero ya verás…

-¡Bah, no me retes! No seas gruñona y pon buena cara que allí está Ricky.

 

El muchacho de nombre Ricky estaba jugando al fútbol con otros chicos y cuando vio que Luli pasaba por allí, se esforzó en mostrar su mejor juego y dominio de la pelota. Hacía siempre lo mismo cuando Luli estaba cerca tratando de llamar su atención, y a ella esta actitud no le gustaba para nada así que siguieron caminando sin prestarle atención. ¿Porqué los chicos siempre se comportan de una manera tan tonta?, pensó Luli.

 

Se cruzaron en su camino con Caro, Pati y Cuqui, tres chicas de lo más "show off" del colegio. Se hacían llamar “las golden girls”. Eran las más monas y populares, aunque así como tenían admiradores también se habían ganado muchos detractores que las acusaban de discriminadoras y pitucas. Lo cierto es que ellas habían creado un grupito de alumnos “recopados” y dejaban entrar en su exclusivo grupo a chicos y chicas que reuniesen ciertas características físicas y de comportamiento que ellas mismas juzgaban.

 

-Hola, Luli. ¿Cómo estas? –preguntó Caro al verlas llegar.

-Hola chicas. –contestó la niña.

-¿Qué haces?

-Nada, paseando por el patio.

-Y esta tarde después del colegio, tienes algo planeado?

-No se…, quizás un viaje al Himalaya.

-¿Al Himalaya? ¿En serio? ¡Que copado! ¿Podemos acompañarte? –intervino Pati.

-No, tonta. Jajajajaja. ¿No te das cuenta que está bromeando? –dijo Caro mientras se unían en el paseo de las dos amigas. –Me fascinan tus ocurrencias, Luli. ¿No quieres venir esta tarde a la piscina de Jorge? Está haciendo mucho calor y nos reuniremos allí después de clases

-¡Hey! ¡Hoooola! ¿Es que yo no existo? –Interrumpió Andrea que había estado tratando de llamar la atención de las recién llegadas-. ¿Para mi no hay un saludo, un como estás ni nada? ¿O es que no me ven? ¿Seré invisible?

-¡Claro que te vimos, Andreita! Es imposible no hacerlo con todo el espacio que ocupas –contestó Cuqui. –Pero no estamos hablando contigo.

-¿Y bien Luli, qué decís? ¿Venís a lo de Jorge?

-¿Andrea puede venir conmigo? –preguntó.

-¿Andrea? Imposible. No reúne ni los más mínimos requisitos para poder juntarse con gente tan linda como nosotras… ¿Se la imaginan en malla de baño? – y todas se largaron a reír.

Luli vio cómo se ponía su amiga: roja de la vergüenza. Andrea podía aguantar los chistes de sus compañeros, porque sabía que lo hacían jugando pero le dolía cuando la avergonzaban de esa manera, buscando lastimarla.

-¿Saben una cosa? No, no voy a ir. Prefiero asarme de calor con mis amigas que nadar en una piscina llena de anguilas –dijo Luli.

-Está bien, vete con tus amiguitas: una gorda, una mulatona, una japonesa y cuanto bicho raro anda perdido por el colegio. ¿Quién te crees que sos? ¿La madre Teresa de Calcuta? –contestó Caro.- Algún día te vas a cansar de estar entre perdedoras y vendrás a buscarnos. Es sólo cuestión de tiempo… ¡Ah!, y deberías cuidar un poco más tu imagen personal, ¿estás fatal! No te vendría mal un poco de colorete en la cara – y se fueron riendo con sus burlas.

-¡Las odio! –dijo Andrea sintiéndolo realmente.

-No lo hagas, no valen la pena. No les des el gusto de ponerte mal por su culpa, eso es lo que ellas buscan.

-¿A ti no te duele lo que te dijeron?

-Para nada, realmente no le doy ninguna importancia a lo que ellas puedan pensar o decir de mí. Y no puedo creer que lo único que les preocupe sea el si están bien pintadas o si llevan el pelito bien peinado…

-No es lo único, también les preocupan los chicos…

 

El resto del día pasó sin pena ni gloria, junto a sus otras amigas: una surcoreana de nombre Ling Fu Sang, una chica de tez oscura llamada Gloria Mungelé, una flaca encorvada de lentes a la que le decían Pipa y por supuesto Andrea. Juntas formaban un grupo muy singular.

 

El día escolar llegó a su fin y con el timbre de salida se produjo la estampida de estudiantes de todos los días, que huían tratando de poner distancia del colegio. Se despidió de sus amigas y pasó a buscar a sus hermanos por primaria. Allí ya la esperaban los dos subidos a sus bicis.

-Hola chicos, ¿cómo están?

-Bien Lulenga, ¿y tú? –preguntó Santiago.

-¡Muy bien! Me fue bárbaro en la prueba de biología…

-A ti y seguro que también a Andrea, ¿no? ¿Volvió a pedirte que le soples las respuestas? –preguntó Tomi.

-¡Siii! Jajaja –rió con gusto la niña-. Ella nunca falla. Si hay algo en lo que se puede confiar es en que Andrea me busque en las pruebas.  ¿Y a ustedes cómo les fue?

-Maaso. Tuvimos una charla con el Batuque, ¿sabes?

-¿Con el Batuque? ¡Que milagro! ¿No era que trataba de esquivarlos a toda costa después de todo lo que pasó?

-Es cierto, se sentía muy avergonzado. Pero está mucho más tranquilo desde que dejó de untarse la frente con la Alucífuga –comenzó a contar Santi.- Y además está muy sólo porque perdió el control que tenía sobre el resto de los estudiantes que lo seguían, solamente para conseguir esa sustancia.

-No fue fácil, al principio nos miraba desconfiado de que nosotros dos nos acercáramos a él pero poco a poco se fue soltando y terminamos hablando de todo –agregó Tomás.

-¡Qué bueno! Quizás Papo tenga razón cuando dice que todos los seres humanos tenemos una naturaleza buena y pura en el fondo y que debemos darles una segunda oportunidad para reformarse, para retomar el camino del bien.

-Bueno…, si…, es verdad de que el Batuque está mucho más tranquilo pero sigue cautivado por el mal –prosiguió Tomás -. Tratamos de hacerle entender los beneficios de hacer las cosas bien, de acuerdo a las reglas, pero sigue convencido de que el camino del mal es el más fácil y cómodo.

-¡Y es claro que lo es! Es mucho más fácil copiar en un examen que pasarse un par de días estudiando, es más fácil robar algo que nos gusta que trabajar para ganarlo. Hacer las cosas bien cuesta trabajo, por eso es que se hace tan difícil seguir ese camino cuando el otro es mucho más atractivo..., pero trae consigo grandes satisfacciones: el saber que uno logró su meta sin valerse de trampas, el comprobar que con esfuerzo todo se consigue. Que uno es capaz por sí solo de superar los más difíciles escollos sin tener que pisotear a los demás para conseguirlos. Esas cosas no tienen precio. Cuando más esfuerzo se precisa para alcanzar una meta, más se valora en el momento de conseguirla y más cuidado se pone para no perderla.

-Eso fue lo que le dijimos, Lu. Bueno..., más o menos... Pero es difícil de convencer a ese gordo grandote cabeza dura. También le dijimos de las contras y los riesgos que se corren, de lo mala que es la vida vivida siempre al margen de las reglas, siempre intranquilo y pendiente de que en cualquier momento lo puedan descubrir y todo eso… -dijo Santi.

-Bueno, no hay que bajar los brazos. No pueden pretender que con la primera charla ya lo convenzan de cambiar toda su vida. Tienen que seguir tratando, ser tenaces y verán que a la larga tendrán sus frutos. Hay que dejar que esa naturaleza buena que todos tenemos adentro, renazca en él.

-¿Y no sería mejor que tu lo bañes con tu rayo verde y le saques toda su maldad por las orejas como lo hiciste conmigo y con el Varilla cuando salimos de Decadunol? Así ganaríamos mucho tiempo –preguntó el menor.

-No, sabes bien que no se puede forzar a nadie a proceder en contra de su voluntad. Para que mi rayo Curalma surta efecto, el Batuque debe de querer cambiar realmente y someterse a él por voluntad propia –explicó la niña.

-¡Miren quienes nos están esperando en casa! –interrumpió Tomás.

 

Tango, Simón y Brawnie, las tres mascotas de los niños, los tres mejores y más fieles amigos que alguien pudiera querer, como todos los días, los esperaban ansiosos en el portón de entrada al jardín de la casa de los abuelos. Los chicos ni bien entraron fueron saludados por los animales con saltos, lambetazos y picotones cariñosos. Antes de ir a tomar la exquisita merienda que Amanda, seguramente, les tenía preparada, se quedaron por un buen rato jugando todos juntos en el jardín. Durante los juegos, y para sorpresa de los transeúntes que pasaban por la calle, los chicos le hablaban a los animales como si éstos pudieran entenderlos. Claro que nadie sabía que los chicos se podían comunicar, efectivamente, con los animales a través del pequeño Brawnie, poder que habían adquirido al salvarle la vida durante la visita de ellos a las sierras de las Ánimas. Luego de los juegos venía la charla donde los tres animales les ponían al tanto de las cosas que sucedían en el barrio durante las noches.

-...y anoche hubo un robo en casa de los Márquez –tradujo Brawnie –parece que llegaron con un camión y desvalijaron la casa, no dejaron ni las puertas.

-¡Qué bárbaro! ¡Qué insegura se ha vuelto la ciudad, todos los días hay robos por todos lados! –dijo Luli.

-¡Ahhhh! Y tenemos un nuevo vecino... –interrumpió el conejo luego de unos graznidos de Simón.

-Si, vimos que la casa de enfrente se alquiló. ¿Quiénes serán?

Tango ladró y Brawnie contestó: es un matrimonio con un muchacho, pero todavía no sabemos mucho más.

-¿Y se puede saber cómo saben esas cosas? Se supone que tienen que cuidar esta casa, no salir de paseo por todo el barrio... –dijo Santi.

-Jamás salimos de aquí –tradujo un gruñido malhumorado de Tango –bueno salvo para hacer mis necesidades en los árboles de la vereda..., pero que conste que es para marcar mi territorio.

-¿Pero y entonces cómo hacen para estar tan informados? –preguntó ahora Tomás.

-Nos comunicamos con nuestros ladridos, ¿o ustedes se creían esa pavada de que de noche los perros le ladramos a la luna?

-Como, ¿no le ladraban a la lu...? ¡Noooo..., cómo nos vamos a creer semejante pavada...! -se corrigió enseguida Santi al darse cuenta de la metida de pata que estaba por cometer.

-Evidentemente en la casa del vecino de enfrente no hay ningún perro y es por eso es que aún no hemos podido recavar mayor información.

 

Siguieron charlando por un rato, e incluso se contaron algunos chistes. Era una tarde magnífica y calurosa...

 

Índice

 

1.- Sin lugar donde esconderse.

2.- Un día de Luli en el cole.

3.- Extrañas pisadas.

4.- Los nuevos compañeros.

5.- La visita a Don Tulio.

6.- La llegada desde el futuro.

7.- Robos en la casa.

8.- El vecino de enfrente.

9.- El encuentro de los tiempos.

10.- La revelación.

11.- La cueva prohibida.

12.- Nuevos poderes.

13.- Unas pistas importantes.

14.- Un nuevo colaborador.

15.- Amanda al spiedo.

16.- Pequeño ladrón.

17.- El salón pentagonal.

18.- La Órden del sol.

19.- Destino: El Sol

20.- Las chimeneas de hidrógeno.

21.- El extraño núcleo solar.

22.- En la profundidad de la noche eterna.

23.- Los Cangronos.

24.- La traición.

25.- El sacrificio

26.- Nace una estrella.

27.- Una noticia de esperanza.