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1.- Un mundo perfecto...  Su vida no podía ser mejor, nada le preocupaba y a nada le temía..., claro que ni siquiera sabía lo que era la preocupación o el temor.

Sus necesidades básicas estaban completamente satisfechas, nada le faltaba y nade le sobraba. Porque si algo le faltaba, si algo necesitaba, éstas necesidades eran resueltas enseguida, como por arte de magia... Claro que sus necesidades no eran muy complejas.

Desde que recordaba, su vida había sido siempre así, tranquila, serena..., sin preocupaciones. En un lugar increíble donde se sentía un ser especial y privilegiado, a salvo de cualquier peligro y muy amado. De haber sabido de la existencia de un paraíso seguramente hubiera pensado que estaba viviendo en él

Desde que recordaba, había estado siempre en el mismo lugar, en su mundo, como en un estado aletargado. Recordaba que en su niñez, aquel mundo era enorme, gigantesco y no alcanzaba a percibir los límites de éste, que se movía con gran libertad y se desplazaba por éste a voluntad en una biosfera sin gravedad flotando de aquí para allá... Aunque claro, no sabía lo que era la gravedad ya que nunca la había experimentado.

A medida que pasaba el tiempo notó que su mundo se iba encogiendo, como si se estuviera desinflando, quitándole espacio. Este extraño fenómeno, sin embargo, no le causaba ningún temor ya que lo entendía como algo natural, pero sí le provocaba una cantidad de interrogantes.

Ese estilo de vida despreocupado y cómodo que llevaba, le permitía tener mucho tiempo para si mismo, mucho tiempo para pensar. Y era un ser que pensaba mucho, se había convertido quizás en el primer filósofo de aquel extraño mundo. Claro..., era el primero porque era el único. Como todo buen filósofo se había planteado ya las grandes preguntas: ¿Quién soy?, ¿de donde vengo? ¿a dónde voy? ¿Cuál es el fin de mi existencia? ¿Qué le está pasando a mi mundo? Y de a poco comenzó a comprender ciertas cosas...

Sabía que existía algo más allá..., afuera de su mundo. Podía percibirlo perfectamente. Los momentos de oscuridad y claridad que percibía, sin dudas eran provocados por algo, o alguien... Esos momento coincidían con una mayor o menor actividad en su propio mundo por lo que dedujo que uno provocaba al otro. Aún no lograba descubrir cuál originaba a cual. También había sombras que circulaban sobre su cielo en los momentos de claridad, generalmente al comienzo y sobre el final de éstos. Sombras suaves que se movían lentamente una y otra vez por cenit. Estas sombras, generalmente venían acompañadas por los sonidos...

 

Los sonidos..., los maravillosos sonidos. Había logrado identificar distintos tipos de sonido.

Estaban los que eran propios de su mundo, ruidos de fluidos a los que se había acostumbrado de tal forma que debía hacer un gran esfuerzo de concentración para poder escucharlos. También estaba el “gran tung”, un sonido constante y rítmico que nunca dejaba de sonar. También a él se había acostumbrado puesto que existía, seguramente, desde antes que su propia existencia. Basado en el gran Tung, había logrado desarrollar un sistema de medición del tiempo. Había logrado medir, aproximadamente, la duración de los períodos de claridad: era alrededor de unas sesentamil repeticiones. Lamentablemente, ese sistema no le servía de mucho debido a que, aparentemente, los períodos de claridad se hacían cada vez más extensos y a que a menudo se producían algunos cambios  en el ritmo que le distorsionaban sus cálculos... Además le aburría tratar de mantener el conteo de estos sonidos y cuando intentaba hacerlo se quedaba dormido. Pero sí  le servían para medir la duración de los distintos sucesos que le ocurrían o que percibía que ocurrían fuera de su mundo. Y los cambios en la frecuencia rítmica del “gran Tung”, también le indicaban que algo diferente estaba sucediendo allí afuera aunque no sentía que le afectara demasiado.

 

Existían otros sonidos que también le eran totalmente familiares y a los cuales también se había habituado. Siempre los escuchaba alrededor del final de los períodos de luminosidad y eran sonidos que le traían paz y amor. Creía que estos sonidos buscaban, de alguna forma, comunicarse con él, y que algún día, en algún otro mundo, se encontrarían.

Había identificado perfectamente cinco tonalidades diferentes aunque había algunas más pero que no las escuchaba con tanta regularidad. De las cinco había una sola que la acompañaba durante todo el tiempo. Sabía que se trataba de un ser superior, de un Dios como le llamarían en la tierra, y que seguramente le debía su existencia a este magnífico ser. Le puso un nombre: Gaga. Comprendía que mientras estuviera en ese mundo nada le pasaría porque Gaga, jamás lo permitiría. Que protegería su ser de cualquier mal que pudiera amenazarle y que sería capaz de comprometer hasta su propia existencia por mantenerle a salvo.

Algunas veces le llegaban otros ruidos. Algunos de ellos con ritmos suaves y  melódicos que le producían un placer que no podía describir, le gustaba mucho escuchar esos sonidos, se imaginaba que eran producidos por bellísimas criaturas aladas con extraños instrumentos. Pero otras veces eran ruidos espantosamente estruendosos que si bien, a veces,  también podían tener algún patrón rítmico, le aturdían y no le gustaban para nada. Se imaginaba que se podían deber a sucesos desagragables que sucedían en algún lugar fuera de su mundo. Pronto imaginó que podía tratarse de enfrentamientos entre sus seres queridos que lo protegían de otros malvados que intentaban hacerle daño. Y se preguntaba: ¿A qué se debería? ¿Qué o quiénes los producirían? ¿Podrían llegar hasta donde él estaba?

 

Sus días se sucedían sin demasiados sobresaltos.

Se levantaba temprano, con los períodos de claridad, y comenzaba a hacer sus ejercicios. Primero estiramiento y luego movimientos de alto impacto con sus extremidades. Luego se preparaba..., sabía que debía estar atento y alerta porque pronto comenzarían los ruidos estruendosos... Las batallas en el espacio exterior comenzaban temprano, y debía estar preparado por si algún objeto enemigo conseguía atravesar las defensas de Gaga e invadir su mundo. Confiaba ciegamente en la protección que ella le otorgaba pero no quería dejarle toda esa responsabilidad. En esos momentos era en los únicos en que sentía una especie de temor, pero no por lo pudiera sucederle, sinó por la preocupación de lo que estaría pasando allá afuera, donde vivían sus seres superiores.

De repente, un ruido muy fuerte le aturdió por completo. Se tapó instintivamente los oídos con sus manos.

-¡Por Gaga! ¿Qué fue eso? –exclamó. –¡Debe de haber sido una conmoción enorme...! ¿Qué estará pasando allí afuera? ¿Podré yo, alguna vez, conocer el espacio exterior? ¿Podría vivir en este paraíso, ajena a lo que sucede allí afuera, por siempre?

Estos períodos de incertidumbre y aparente caos que ella percibía que sucedía en el espacio exterior sucedía, dependiendo del día, dos veces durante el período de claridad y no duraban mucho. Entre medio había una aparente calma que podía verse interrumpida por algunos sonidos aislados.

Era durante estos períodos de calma, cuando ella solía dedicarse a la actividad que más le gustaba: pensar..., cuestionarse sobre el origen y el destino de su mundo y de su propia existencia y esperaba con todos sus sentidos alertas buscando recabar información de lo que sucedía en el exterior y que quizás le revelasen alguna de sus grandes incógnitas. También se pegaba alguna siestecitas a cada tanto.

 

Luego de la siesta volvió a hacer sus ejercicios, debía estar preparada tanto física como mentalmente para enfrentar su destino, y estaba seguro que en su futuro grandes cosas habrían de sucederle y grandes retos habría de enfrentar. Creía que su existencia en ese mundo sólo era una etapa en su preparación para poder convertirse en un ser superior, que estaba allí de paso. Esperaba ansioso el momento en que se sintiera pronto para abandonar ese mundo y salir a enfrentar su destino, y conocer el espacio exterior y los otros seres que allí vivían.

 

Al terminar el período de claridad venía el mejor momento del día, el momento en que Gaga y los otros seres superiores trataban de comunicarse con ella. Siempre sentía a Gaga y el ser superior de tono más grave a quién había nombrado Baba, pero generalmente sentía también a los otros tres, de timbres más agudos y graciosos. Los había bautizado Gugui, Gobi y Bagui.  A pesar de que intentaba responder y gritaba lo más fuerte que podía, no lograba establecer una comunicación, y el hecho de que aún no entendiera lo que le decían, sólo podía significar que aún no estaba preparado para encontrarse con ellos, pero al menos, el escuchar sus sonidos le reconfortaban y alegraban..., y reía..., y el sonido de su risa, en un mundo de sonido apagados, le deleitaba y le divertía aún más. Era feliz... En esos momentos tan especiales, podía percibir en el cenit de su mundo, un extraño movimiento que se transmitía a su ser en forma de vibraciones, cómo si éstos seres quisieran comunicarse, también de otra forma...

Durante el período de oscuridad, venía la calma más absoluta, su mundo estaba en paz y podía percibir que esto también sucedía en el espacio exterior. Era un momento en que la actividad de todo el universo parecía detenerse, e incluso el “gran tung” parecía hacerse más pausado.

Estaba agotado..., había sido un día muy largo y agitado y casi sin pensarlo, cerró los ojos y cayó en un profundo sueño...

  2.- El mejor día del año.  

-¡Terminó el cole, viva! –gritó excitado el primer chico que salió expulsado por las puertas de colegio. Atrás de él venía el resto y en pocos minutos el frente del colegio se pobló de muchachos, de barullo y alegría. Era un día de fiesta, el mejor día del año para miles de estudiantes que ese día veían como dejaban atrás otro año de clases, sufrimientos y penurias, y se abría ante ellos un nuevo período de vacaciones. La mejor época del año: tres meses de puras vacaciones, días de sol y playa, días para levantarse tarde y jugar hasta la noche. Difícilmente los chicos pudieran imaginar una sensación tan placentera como aquella. Incluso aquellos padres que habían ido a buscar a sus hijos recordaban, con un poco de envidia, lo que para ellos ese día había significado.  

Tomi fue el primero en salir rodeado de amigos. Venían charlando sobre lo que cada uno iba a hacer ese verano.

-Nosotros vamos a pasar todo enero en Cabo Polonio – dijo Esteban a quien le inventaban todo tipo de apodos como Estebanquito. –Es un lugar alucinante en la costa, re-alejado y escondido. ¿Sabían que sólo se puede llegar allí a través de las dunas en vehículos especiales todo terreno?

-Si, yo estuve una vez allí, está de más. Pero este año vamos a ir al campo de mi abuelo. Está sobre el río Uruguay, cerca de Colonia –dijo Josacho –y tú Tomi, ¿dónde van a pasar estas vacaciones con tu familia?

-Mmmm, todavía no tenemos nada planeado. Supongo que los fines de semana iremos a la costa o al campo de mi tío pero entre semana nos tendremos que quedar por aquí. A mi padre le pidieron hacer unos planos para enero, así que seguramente no se pueda tomar la licencia de la construcción –contestó.

-¡Se van a quedar en el Prado! ¡Qué embole! –Se le escapó a Pancho.

-No te creas..., hay muchas cosas para hacer aquí también –contestó imaginando la cantidad de aventuras que les esperaban en las cuevas del Recinto. ¿A quién podría importarle la playa de Punta del Este o Cabo Polonio si pudiera llegar hasta cualquier playa del mundo en cuestión de un rato? Las islas Cayman, el Caribe o alguna playa en el Mediterráneo o el Mar Rojo al alcance de la mano, al otro lado del portal de Realdan o de alguna cueva, sin tener que hacer migración ni pagar ninguna tasa de embarque. Realmente no tenía nada que envidiarle a sus amigotes pero claro, no podía revelarles nada de esto, era un secreto compartido solamente con algunos de su familia. Lo cierto es que con sus hermanos, hace ya varios días que venían planeando sus vacaciones en playas y lugares de todo el mundo.

 

En eso llegó Luli que ya se había despedido de sus amigas, Andrea, Pipa, Ling fu y Mungele.

-¡Hola chicos, qué día ¿eh?!

-¡Hola Luli! –le contestaron en coro -¡espectacular! Al fin se terminó la tortura, no más deberes, no más pruebas sorpresa..., ¡no más profesores!

-¡Llegaron las vacaciones, llegaron las vacaciones! –los sorprendió Santi mientras llegaba corriendo y hacía un baile indio alrededor del grupo -¡Que rico, que rico, llegó el veranito! –Y se les colgó del cuello a sus hermanos.

-Se ve que va a extrañar el cole –le comentó Tomi a Luli irónicamente, mientras sus cabezas se tocaban por el apretón de Santi.

-¡Es que a él le gusta tanto estudiar...! No se que va hacer sin sus queridos libros –respondió la niña mientras el resto del grupo participaba del espectáculo, divertidos.

-¡Ahhh, qué verano nos espera! ¡Mar, montañas, selvas y desiertos, el mundo entero! ¡Cuevas del recinto allí va... Auch! –se quejó ante dos fuertes codazos simultáneos que recibió en ambos costados del estómago, propinados  por sus hermanos que de esa forma cortaban su entusiasmo... y su infidencia.

-¿De qué habla el demente de tu hermano? –preguntó Pepe.

-¿Y de qué va a hablar? De todo lo que va a tener que estudiar este verano, estuvo medio flojo en geografía y va a tener que hacer un repaso –contestó Tomi tratando de salir del paso.

-¡Que voy a tener que qué! Pero si me fue barb... auch! –se volvió a quejar, esta vez a raíz de un pisotón de Luli.

-¡Ay, perdón Santi! Te pisé... ¿Porqué será que estoy tan distraída y torpe? Meto la pata donde no debo... –dijo mientras le lanzaba miradas reprobatorias a ver si él se daba cuenta de su metida de pata.

-¡Uy, si claro! Geografía claro..., pero no es que me haya ido mal, no. Lo que pasa es que me gusta mucho y voy a aprovechar este verano para visitar..., digo digo, estudiar más a fondo esos lugares –confirmó lo dicho por Tomi pero tratando de salvar su honor como estudiante. –El que va a tener que estudiar este verano es el Batuque, pobre. Se llevó algunas materias a examen.

-¡Pa! ¡Qué embole! –dijo Esteban.  

-¡Miren, allá salen los profesores Dido: Azuseno y Divina! Son tan distraídos... ¡Hagámosles una broma! –propuso Santi señalando a los profesores de historia y matemáticas, que estaban casados, a quienes en broma, llamaban Sucedido y Dividida.

Y cuando los dos profesores pasaban cerca de ellos Santi dijo fuerte, de forma de que ambos escucharan:

-¡... sucedido!

-¿Cómo? ¿Qué? ¿Quién? –se desnucó Azuceno, tratando de adivinar quién lo había llamado -¿Usted me llamó, señor Santiago?

-¿Yo señor? ¡No señor... lo que ha sucedido es que estábamos discutiendo sobre el mejor lugar para ir de vacaciones..., pero estamos dividido.

-¿Qué? ¿me habló a mí, alumno? –preguntó la señora Divina que evidentemente estaba “papando moscas”

-¿Es que no ha compren-dido, maestra Dido? Estamos discutiendo sobre los mejores lugares para ir a veranear intervino Tomi.

-Chicos, ¿no se estarán pasando de vivo, no? –preguntó el maestro viendo cómo venía la mano.

-Nooooo,  ¿le parece? Quizás mi hermano se haya exce-dido... –respondió Santi.

-O quizás se pasó por come-dido –se anotó Josacho.

-Todo esto no es más que un malenten-dido ¿cómo se le ocurre? –dijo Esteban y no aguantaron más y reventaron a reír, contagiando a los Dido que demostraron tener también sentido del humor.

-Muy bien, muy bien... ¿Cómo me hubiera gustado que demostraran esta creatividad durante el año. Bueno, que disfruten de sus vacaciones, ¿enten-dido? 

 

Siguieron haciendo juegos de palabras por un rato. Luego se despidieron prometiendo mantenerse en contacto.

-¿Así que el batuque va a tener que estudiar este verano?

-Así es, Tomi. Él y algunos otros chicos más. Muchos de los que estuvieron involucrados con el tema de la alucífuga, ¿recuerdan?

Pero cómo olvidar el suceso en el que habían estado involucrados muchos chicos del barrio, a mediados del año. Una gran cantidad de chicos habían caído en poder de las fuerzas del mal e iban a ser utilizados como carne de cañón en una batalla ciudadana para sembrar caos en la ciudad. Este mismo fenómeno estaba sucediendo en todas las principales ciudades del mundo. Las fuerzas del mal usaban una sustancia, la alucífuga, para atraer a éstos chicos y quitarles su voluntad, transformándolos en guerreros volumbies. Los chicos junto con Papo y la ayuda de los Iluminotes, una rama de luchadores del bien, consiguieron destruir las reservas naturales de esta sustancia e incluso los depósitos donde se encontraba almacenada liberándolos del influjo que ésta ejercía sobre ellos. Pero obviamente, a los chicos que estuvieron involucrados con ésta les costó mucho recuperarse y por lo tanto su rendimiento en el colegio se vio afectado.

-¡Pobres! ¿Y a donde va a ir de vacaciones?

-A ningún lado. Se va a quedar por aquí. El papá es una persona muy complicada y toma mucho. Batuque pasa tanto tiempo en la calle porque no le gusta volver a su casa..., creo que hasta le ha pegado alguna vez.

-¡Ay Santi, no me digas eso! Pobrecito.

-La vida es muy dura con algunos, Luli. Ya deberías saberlo... –Dijo Tomi. –Sólo basta con abrir un poco los ojos para verlo, la injusticia, la miseria y la violencia están por todos lados.

-¿Y porqué no hacemos algo, para remediarlo?

-Es que son demasiados, ¿qué se puede hacer?

-Por lo pronto ayudar al Batuque. Si cada uno ayuda al que tiene a su lado se pueden hacer muchas cosas. Los de la fundación de los niños del futuro están haciendo su parte, nosotros podemos hacer la nuestra. ¿Les parece bien?

-¡Si, Luli, lo haremos!–se comprometieron los chicos.

 

Al llegar a la casona de los abuelos, sus amigos los esperaban ansiosos...

-¡Hola, chicos! ¿Están contentos?

-¡Hola Brawnie, hola Simón, hola Tango! –respondió Tomi que recibió dos ladridos y un graznido como respuesta.

-¡Estamos copados, terminó el cole! Iuuuujuuuuuu –gritó el Santi.

-¡Qué lindo..., vacaciones! –dijo Luli.

-¿Y qué vamos a hacer este verano? –preguntó el conejo.

-Visitar muchas cuevas... –respondió Tomi.

-¡Guau, grrrrr guau guau, rouf...!

-Dice Tango que no se olviden de nosotros, también queremos ir. Bueno..., dependiendo de a donde vayan porque yo no quiero saber más nada con arañas gigantes ni nada que tenga que ver con monstruos o que se les parezca –tradujo Brawnie, los ladridos del perro y recordó su última incursión con Luli, hace ya unos meses, por la cueva-habitación de la Aracnodum. A pesar de que la niña tampoco había tenido ningunas ganas de entrar en esa terrorífica cueva, no había tenido más remedio que hacerlo para buscar una muestra del veneno de la araña. Su padre había sido raptado y estaba en Decadunol, y para poder ir a rescatarlo debían beber un antídoto contra el mal, y uno de los extraños ingredientes para prepararla era precisamente ese. Pero eso ya estaba en el pasado y los chicos apenas si lo recordaban. Muchas cosas habían pasado desde entonces que habían ocupado sus pensamientos: nada más y nada menos que la salvación de la humanidad ante un desajuste ocurrido en el sol.

-Descuiden, los llevaremos con nosotros, y tu Brawnie no te preocupes..., estamos de vacaciones. ¡Nada de aventuras para nosotros!, solo playa, agua y visitas a lugares interesantes...

-A mí me gustaría ir a visitar a mis amigos de la Sierras de las Ánimas, ¿podemos? –preguntó el pequeño conejo.

-Si, claro... Seguramente vayamos este verano de campamento por allí con papá y mamá –contestó Luli.

-Y este fin de semana papá prometió llevarnos a la costa para festejar. ¡Y ya conseguimos las tablas de surf  para aprender! La vamos a pasar bomba... –dijo Tomi entusiasmado.

-¡Si, bomba..., bomba de dulce leche! –agregó Santi.

 

Tirados en el pasto, mientras miraban el increíble cielo azul donde una gran bola amarilla de fuego, que ahora tenía su propio satélite: Luliro, era amo y señor del lugar, siguieron conversando.

-Qué día más espectacular, ¿no? –dijo Tomi.

-Si, es increíble pensar que hace tan sólo unas semanas atrás, este mismo sol que nos da este calorcito tan agradable estuviera a punto de ser el causante de la destrucción de toda la vida sobre el planeta...

-Si..., que aventura increíble vivimos, ¿eh?

-Y peligrosa también, Santi. En un momento, realmente pensé que no lo lograríamos, que nosotros seríamos los únicos sobrevivientes de nuestra raza condenados a vagar por el espacio hasta el fin de nuestros días –dijo Tomi.

-Yo sentí lo mismo, fueron momento muy duros y dolorosos... –aclaró Luli con ojos tristes mientras miraba la estrella Luliro, recordatorio eterno de su hermana melliza del tiempo y casi única pérdida de aquella peligrosa misión, girar alrededor del sol.

-Bueno, pero pudimos salvar a la tierra. Ya pasó..., de nada sirve ponernos tristes ahora –dijo Santi tratando de cambiar de tema. Sabía que era un tema que entristecía mucho a Luli, que aún sentía la pérdida de su hermana. –¡Es el último día de clases! ¿Recuerdan? ¡Es un día de fiesta...! Vengan, vamos a jugar una mancha hielo...

  

-¡Chicos, chicos. A tomar la merienda! –gritó Amanda, la bruja cocinera y ahora estrella de cumbia, interrumpiendo los juegos de los chicos.

Santi salió corriendo seguido de sus hermanos. Era increíble como, comiendo lo que comía, se mantenía flaco y ágil. No le hacía asco a casi ninguna comida, aunque claro..., su preferida era la comida chatarra y su especialidad era el súper-dúper, un sándwich que incluía distintos tipos de fiambres entre otras muchas cosas y exquisitas salsas. Amanda había pasado a ser, para él, casi como una persona de culto debido a las exquisiteces que de sus manos “brotaban”. Ella mostraba también una cierta debilidad por el menor de los chicos y le gustaba ver cómo disfrutaba de los platos que preparaba.

-¡Ayy, señorito Santi! ¡Que apetito..., que apetito! –dijo la cocinera.

-¡Es que esto está buenísimo! –contestó restregándose las manos.

-A mi lo que me gustaría saber es a dónde va a parar toda esa comida... Porque sólo debes de asimilar un diez por ciento... –intervino Tomás. –Deberías estar como un elefante y sin embargo estás más bien flaco. ¿A dónde va a parar toda esa comida?

-No preguntes..., no te gustaría saberlo –contestó Santi poniendo una de sus clásicas caras de situación.

-¡Ni se te ocurra decírnoslo, maledepeto! –dijo Luli usando el mote que le habían inventado para cuando metía la pata. –Uajjj..., ¿ves? Ya me quedé sin apetito...

-Tengo una sopita especial para esos casos, señorita Luli.

-No Amanda, gracias pero ya conozco sus sopitas... ¿recuerda? –contestó recordando cuando fuera atrapada hipnóticamente por el libro Hipnóculum, con el fin de abrir un portal inter-dimensional en el sótano, y por donde intentara entrar desde Degenmon, Putredecter unos de los sicarios de Belnaster el amo y señor del mal. Luli había quedado entonces muy debilitada y había necesitado de los cuidados de su abuela Nani y de una sopa “especial” de Amanda, muy viscosa y asquerosa, para recuperarse. Los chicos juraban haber visto ojos y otras cosas flotando en ésta aunque resultó ser muy efectiva y Luli se repuso rápidamente.

-Ahhh..., pero esta nada que ver... ¡Es riquísima! Sólo tiene babosas, caquita de colibrí, hojitas de eucaliptos y alguna otra cosita.

 

Luli se puso pálida y luego verde, y comenzó a sentir náuseas. Rápidamente se puso de pié y salió corriendo al baño ante las burlas y risotadas de sus hermanos.

-¿Vieron que se sentía mal? Yo le dije que necesitaba una de mis pociones... –dijo la bruja sin darse cuenta de nada. –Voy ya mismo a preparársela...

-Nooo..., deje Amanda. Ya se va a sentir mejor. No se preocupe –la detuvo Tomi.

-Bueno, está bien... ¿Saben que? Estoy componiendo una nueva canción.

-¿En serio, Aman? –preguntó Santi. -¡Que bueno!

-Si. Y se trata sobre el último día de clases.

-¡Genial! ¿Podemos escucharla?

-Ay, no. Lo siento señorito, usted sabe lo tímida que soy y como me cuesta...

-Está bien, Aman. Como quiera... No se preocupe, cuando usted se sienta lis... –la cortó Santiago.

-Está bien... ¡ahí va! –lo cortó esta vez ella a él. -¡Pero sólo porque me insistieron mucho mucho... ¡Un, dos, tres...!

 

El otoño se ha fugado

y el verano comenzó.

No tendré que estar despierto,

si ya el sol se levantó.

El tedio ha terminado,

es hora de la diversión.

Un nuevo tiempo comienza,

¡El colegio terminó!

 

- y este es el coro... –se interrumpió a si misma.

 

Lo merezco, lo merezco...,

¡me lo tengo bien ganado!

He estudiado todo el año,

¡las clases han terminado!

 

Se acabó: que el uniforme,

que los libros y el profesor.

Es tiempo de sol y playas,

de chancleta y bronceador...

 

Entre vitoreo y aplausos, terminaron los dos chicos bailando con Amanda, el ritmo loco y quebradizo, arriba de la mesa y cantando el estribillo de la canción...

Índice. 1.- Un mundo perfecto.2.- El mejor día del año.3.- El pueblo de las olas.4.- ¡Peligro entre la espuma!5.- La confesión del Batuque.6.- ¡Atrapados!7.- La ceremonia.8.- Las reuniones secretas.9.- En las profundidades del océano.10.- La momia azteca.11.- El Gresco.12.- El tiempo Atlante.13.- Stonehenge.14.- Morgan Le Fay.15.- Escape del bosque oscuro.16.- Los Lamaydahn.17.- La Profecía.18.- La Daga Degoliar19.- Magijall.20.- El mago Merlín.21.- Vuelta a clases.22.- Las profecías apócrifas.23.- El cementerio perdido.24.- El Mausoleo.25.- El Registro de defunciones.26.- Un prisionero inesperado.27.- Viaje a Degenmon.28.- Degenmon.29.- El pequeño Mülls.30.- Escape de la dimensión en tinieblas.31.- Los preparativos del mal.32.- El Rapto.  33.- Regreso a Stonehenge.34.- La sangre del elegido.35.- El sacrificio.36.- Una charla sincera.37.- Regreso a casa.